Mitos y Novedades en la Historia de México
Por: Jesús Vázquez Trujillo

“Por la orden del Caudillo” (Asesinato de Francisco Field Jurado)

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                             Francisco Field Jurado 1881 – 1924

Tras la firma de los oprobiosos Tratados de Bucareli, el 13 de Agosto de 1921, el gobierno de los Estados Unidos de América, otorgó su reconocimiento diplomático a Álvaro Obregón como presidente de la República Mexicana, sin embargo, para que éstos protocolos entraran en vigor necesitaban ser ratificados por el Senado, a lo que varios legisladores, todos ellos contrarios a Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, se opusieron, por considerarlos “Entreguístas” e inconstitucionales, ya que echaban por tierra al artículo 27°, haciéndolo retroactivo en favor de la propiedad petrolera e intereses de los empresarios petroleros estadounidenses.

Por ello, pese a que los tratados de Bucareli se firmaron en 1921, las desavenencias que éstos provocaron al interior de la Cámara Alta, retrasaron su vigencia por 3 años, lo cual quiere decir que, durante casi todo su gobierno, Álvaro Obregón no contó con el reconocimiento de los Estados Unidos, el cual le era necesario para tener acceso a empréstitos, inversiones y, sobre todo, asegurarse de que ninguna rebelión contra su gobierno tendría apoyo norteamericano.

Ésta indecisión de parte del senado estaba inquietando mucho al general Obregón, pues se le acababa el tiempo a su mandato y no contaba aun con el reconocimiento yanqui, el hombre que instigaba ésta demora en la ratificación de los Tratados de Bucareli, era el combativo legislador campechano Francisco Field Jurado, quien convenció a un grupo de senadores partidarios de Adolfo de la Huerta, quien también se oponía a la firma de los Tratados, para que no se presentaran a la sesión plenaria del senado, a fin de que no se formara el quórum suficiente, haciendo imposible la ratificación de los Tratados.

Es de suponerse que el general Obregón estaba encolerizado, por ello mandó investigar quién o quienes estaban instigando la rebeldía de los senadores disidentes.

Al saber que se trataba del Lic. Francisco Field Jurado, el presidente Álvaro Obregón, ordenó al entonces diputado Luis N. Morones, que acabara con la vida del legislador “sedicioso” y que secuestrara a otros legisladores más, para que el senado escarmentara y supieran que con él no se jugaba.

Así, Morones, atinadamente llamado el “Marrano de la Revolución”, encargó el trabajo de liquidar a Field Jurado al general José Prevé, otro de sus sicarios, además de secuestrar a varios senadores, según lo planeado.

Así pues, al medio día del 23 de enero de 1924, Francisco Field Jurado sale de su domicilio ubicado en la colonia Roma, en la Ciudad de México, con la intención de abordar un camión que lo lleve hasta las instalaciones del Senado de la República.

El camión es seguido por un vehículo “Dodge”, que está tripulado por los atacantes, en la esquina de las calles de Mérida y Tabasco, Field Jurado desciende del camión, los ocupantes del coche lo siguen y de pronto le disparan.

No lo hieren: Field Jurado corre, dobla la esquina de las calles de Córdoba y Tabasco y se encuentra con Prevé que le dispara, y cae… José Prevé se acerca, lo insulta y descarga su revólver sobre él, recibiendo ocho balazos, al mismo tiempo que Francisco Field Jurado es asesinado, otros senadores son secuestrados y conducidos a la hacienda de “Ojo de Agua”, en el camino a Pachuca.

El diputado Vito Alessio Robles, exige que se le forme un consejo político a Luis N. Morones, con motivo del cobarde asesinato del senador Field Jurado, arguyendo que dicho crimen era una afrenta para el Congreso de la Unión.

Para cubrir las apariencias, (Al igual que lo hizo con el asesinato de Carranza), el presidente Álvaro Obregón, ordenó al gobernador del Distrito Federal, el general Celestino Gasca Villaseñor y al Procurador general de la República que encontraran y castigaran a los responsables del homicidio del senador campechano.

“El Ejecutivo a mi cargo está resuelto a no tolerar un solo acto anárquico que signifique una mengua para las instituciones que nos rigen”.

Dos días después del homicidio, el 25 de enero, los senadores secuestrados son devueltos a sus hogares sanos y salvos.

Finalmente, después de ese escarmiento los senadores aprueban los Tratados de Bucareli con 28 votos a favor y 14 en contra.

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