Nadie desterró a Porfirio Díaz

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             José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, Presidente de la República 1876 – 1911

 

El 25 de mayo de 1911, el general Porfirio Díaz redacta, firma y entrega su renuncia a la cámara de diputados.

 

La redacción de la renuncia fue algo grotesco, pues don Porfirio estaba en cama aquejado por un terrible dolor de encías. 

Eso sin contar con que el general se mostraba renuente a firmar su renuncia y si lo hizo, fue por la presión que ejercieron su familia y amigos, mismos que le sugirieron firmar los tratados de Ciudad Juárez con los revolucionarios triunfantes.

 

Finalmente, y con lágrimas en los ojos, firmó su renuncia a la presidencia de la República, diciendo éstas emotivas palabras.

 

¡De acuerdo, Si esto es lo que el pueblo de México desea,  aquí está mi renuncia, ojalá y no me arrepienta de esto. ¡Por mí y por mi heroico y amado México!

 

Fueron también sus familiares y amigos los que le sugirieron salir de México, con el fin de evitar alguna represalia en contra de su persona, la de sus familias y sus bienes.

 

Es por ello, que la noche del 26 de mayo de 1911 don Porfirio y su familia salieron de su casa en la calle de Cadena para dirigirse a la estación del ferrocarril, para tomar un tren que los condujera a Veracruz.

 

Sus hijas Amada y Luz fueron las únicas que permanecieron en México, yendo a despedirlo a la estación ferroviaria.

 

En el trayecto hacía Veracruz, el general Díaz iba callado, pensativo y taciturno, pues sentía un inmenso dolor moral. Su esposa, doña Carmen Romero Rubio y Castelló, trataba de animarlo diciéndole que en Europa iniciarían una nueva vida.

 

Sin embargo, el ya ex presidente estaba absorto en sus pensamientos y sus sentires, los cuales estaban en México. Además de que aún continuaba con sus dolores de encía, los cuales trataba de mitigar con pequeños sorbos de tequila que tenía en una ánfora.

 

El trayecto estuvo lleno de incomodidad, ya que también el convoy fue asaltado por una gavilla de bandoleros, los cuales fueron ahuyentados por las tropas al mando del general Victoriano Huerta, mismas que escoltaban al tren.

 

El general Díaz le agradeció su protección a Huerta y le ordenó que repartiera entre las tropas el dinero confiscado a los bandidos.

 

Al llegar a Veracruz, el 29 de mayo el general Díaz fue recibido con enormes muestras de cariño. A la mañana siguiente antes de partir, el general Díaz y su familia desayunaron en el café La Parroquia.

 

A las 10:00 hrs. Partieron al muelle, para esperar el arribo del buque alemán “Ipiranga”, enviado por el Káiser Guillermo II para conducirlo a Francia.

 

El barco arribó al puerto a las 11:00 hrs. y partieron una hora más tarde, a las 12:00 pm.  Una vez en el barco, el general Díaz veía con profunda tristeza como su amado México, se iba quedando atrás.