La mujer que intentó envenenar a Miguel Hidalgo

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         Manuela Taboada y Rojas, esposa del caudillo insurgente Mariano Abasolo

 

 

Antes de adherirse al ejército insurgente, Mariano Abasolo estaba estudiando en el seminario conciliar. Iba a convertirse en sacerdote, sin embargo el amor carnal lo hizo abandonar el seminario y convertirse en un próspero terrateniente.

 

Esa mujer se llamaba Manuela Taboada, misma que una vez casada con Abasolo, lo convenció de sumarse a la causa insurgente.

 

Sin embargo, al enterarse de todos los horrores y atrocidades cometidos por el padre Miguel Hidalgo, Manuela intentó por todos los medios que su marido pudiera desertar de las filas del ejército insurgente.

 

Incluso, trató de hablar con Hidalgo, para convencerlo de dar de baja a Mariano de sus filas, entregándole a cambio toda la herencia que su padre le había dejado, sin embargo Hidalgo no cumplió con su palabra.

 

Por lo que Manuela se vio obligada a seguir al ejército insurgente, para poder estar cerca de su marido. Durante su estancia en Guadalajara, Manuela e Ignacio Allende intentaron envenenar al cura Hidalgo.

 

Sin embargo, fracasaron en la intentona porque el sacerdote siempre estaba rodeado por la gente.

 

Posteriormente, Manuela logró conseguir unos indultos para los insurrectos de manos del mariscal Félix María Calleja del Rey.

 

Sin embargo, Allende se negó rotundamente a indultarse y por ello aprehendió a Manuela, acusándola de alta traición. Y bajo esa calidad Manuela Taboada fue testigo de la derrota insurgente en Puente de Calderón.

 

Acompañándolos en su peregrinar hacía la Unión Americana, en busca de apoyos para la causa, siendo testigo de como era fraguada una emboscada a los insurgentes, en la Noria de Baján, ubicada en Chihuahua.

 

Misma que nadie le creyó, aunque sí sucedió, siendo aprehendida y prontamente liberada, fue a solicitar la libertad para su marido.

 

Arguyendo, que ellos habían salvado a muchos españoles de ser degollados por las huestes de Miguel Hidalgo. Teniendo que recorrer todo el virreinato en busca de los testimonios de esos españoles a los que supuestamente Mariano y Manuela salvaron de la muerte.

 

Mientras tanto, Mariano Abasolo delató a sus compañeros, además de argüir que él quiso desertar y no se lo permitieron. Eso, más los testimonios que Manuela consiguió recabar, permitió que la pena de muerte le fuera conmutada a Mariano Abasolo.

 

Por la pena de prisión corporal, la cual compurgó en diversas cárceles de la Nueva España, para finalmente enviarlo a Cádiz, España, donde fallecerá el 16 de abril de 1816, víctima de una tuberculosis agravada.

 

En cuanto a Manuela Taboada, consiguió el permiso para vivir con Mariano en la cárcel y pasar con él sus últimos días, regresando a la Nueva España a lado de su suegra y su hijo Rafael Abasolo Taboada, restituyéndosele la hacienda de “El Rincón” y la “Güera” Rodríguez le obsequió la hacienda de “La Soledad”.