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“Cuando el fanatismo de la iglesia y el Estado, tiñó de sangre al territorio mexicano” (Centenario de la Primera Rebelión Cristera 1926 – 2026)

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Mapa de los conflictos cristeros en la Primera y Segunda Cristiadas 1926 – 1929 y 1934 – 1938

 

El 1 de agosto de 1926, el episcopado mexicano, ordenó la suspensión del culto religioso, además de cerrar todos sus templos.

 

Pues los jerarcas eclesiásticos, no estaban de acuerdo con el contenido del artículo 130, ni de su ley reglamentaria, despectivamente denominada “Ley Calles”.

 

Por lo cual, la iglesia convocó a un boicot económico en contra del gobierno, además de querer que se derogaran todas las leyes que los perjudicaban.

 

Mientras que el Estado, quería regular el número de sacerdotes en cada municipio del país, además de que se exigía que los sacerdotes fueran casados

 

Eso sin contar con que los sacerdotes dejaron solos a los soldados cristeros, mientras el Alto Clero, negociaba con el gobierno un arreglo que les conviniera a ambas partes beligerantes.

El abogado Manuel Herrera y Lazo, líder de la Liga Nacional de la Defensa Religiosa, le expresó al abogado callista Luis L. León que tanto la iglesia y el Estado, habían cometido un sinnúmero de excesos, producto del fanatismo intransigente e irracional de ambos contendientes.

 

Además de que el Estado, decidió crear la Iglesia Católica Apostólica Mexicana (ICAM), al mando de Joaquín Pérez Búdar.

 

Quien convenció al presidente Plutarco Elías Calles, de declararle la guerra a la iglesia fue Luis Napoleón Morones, líder de la Confederación Regional Obrera Mexicana CROM, a la sazón Secretario del Comercio y del Trabajo.

 

Durante las negociaciones para restaurar la paz, se determinó que la iglesia reabriría los templos y que se sometería a las leyes mexicanas, aunque éstas no se aplicarían.

 

El comandante militar del ejército cristero, fue el antiguo general federal en retiro, Enrique Gorostieta Velarde.

 

Mientras que el comandante del ejército federal, lo fue el Secretario de Guerra y Marina, Joaquín Amaro Rodríguez.

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